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Ciudad Acuña, Coahuila, México | 12/12/2017


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Intervención de la senadora por el PRI, Hilda Flores Escalera, para referirse a la iniciativa que reforma el artículo 26 de la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro

Buenas tardes estimadas senadoras, estimados senadores.
Ciudad de México. 16 de noviembre de 2017. El pasado 12 de noviembre conmemoramos el Día Nacional del Libro, el cual fue instituido en 1979, para celebrar el natalicio de Sor Juana Inés de la Cruz, una de las mujeres más representativas de la historia de nuestro país.


Por ello, este día es momento para reflexionar sobre la importancia del libro. Alguna vez Jorge Luis Borges dijo que todas las herramientas humanas eran una extensión de nuestro cuerpo, el microscopio y el telescopio son extensiones de la vista, el teléfono de la voz, pero el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.

Sin duda alguna, el libro es uno de los instrumentos más importantes para la transmisión de la cultura.

La historia de las civilizaciones es investigada a través de la escritura y su memoria está inscrita en los libros.

En el ámbito educativo, el libro tiene una función formativa relevante, desarrolla las habilidades de aprendizaje, incrementa el vocabulario y mejora las capacidades cognitivas.

Además, en los Estados democráticos y sociales de derecho, hemos entendido que el acceso a la educación no es un privilegio, sino un derecho.

Existe una predisposición a que actualmente no se lee o se lee muy poco.

Pero me gustaría compartirles algunas buenas noticias. La Encuesta Nacional sobre Consumo de Medios Digitales y Lectura de 2015, indicó que a ocho de cada 10 jóvenes les gusta leer, además leen más por gusto que por obligación.

De acuerdo a la entonces Conaculta; en 2015, la lectura era la cuarta actividad que más se realizaba en el tiempo libre de las mexicanas y los mexicanos. Una actividad por debajo de ver televisión, practicar deporte y escuchar música.

Por eso, en México existe la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, que articula las instituciones de la federación y los estados para lograr una política pública adecuada para hacer de México un país lector.

Una de estas medidas es el precio único del libro, cada editor o comercializadora de libros fija el precio de venta final para cada producto editorial, y sólo puede disminuir para compras del gobierno o si han pasado 18 meses.

Esta medida busca garantizar el acceso igualitario al libro, de tal manera que cualquier persona puede adquirir el mismo título en todo el país bajo las mismas condiciones de compra. Debemos seguir sumando esfuerzos.

El INEGI en su módulo de lectura de este año, indicó que en promedio se leen 3.8 libros por persona al año, lamentablemente esta cifra está por debajo de otros países de la región, como Argentina o Chile.

En 2015, la industria editorial mexicana facturó 10 mil 288 millones de pesos, de los cuales, el 11.5 por ciento fue para la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito.

Sin embargo, desde el 2013 ha habido una disminución en la producción, registro y venta de libros.

Muestra de ello, es que en 2013 se produjeron 102.1 millones de ejemplares, pero en 2014, bajó a 97.1 millones, y en 2015 subió un poco más, a 98.6 millones de ejemplares.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Lectura y Escritura, la adquisición de libros tiene mayor relación con el nivel socioeconómico que con la formación académica, mientras que una persona con un ingreso de más de 16 mil 600 pesos tiene en promedio 168.5 libros, alguien con formación universitaria tiene en promedio 118 libros en su hogar.

Compañeras y compañeros, para favorecer a la industria y promover la adquisición de libros entre la población, propongo ante ustedes una reforma al artículo 26 de la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro.

En primer lugar, esta modificación busca bajar el lapso en el que puede ofrecerse un libro a un precio inferior al precio único.

Así se pasaría de 18 a 12 meses, tiene un beneficio para la industria, así como para las creadoras y los creadores, ya que las personas con menores ingresos podrán adquirir títulos novedosos con mayor facilidad en menos tiempo.

Como indiqué anteriormente, la adquisición de libros tiene un fuerte vínculo con los ingresos, más que con el nivel educativo.

En segundo lugar, esta iniciativa faculta a las entidades paraestatales y universidades públicas con autonomía, a aplicar descuentos inferiores al precio único, cuando se trate de obras editadas y comercializadas por sí mismas, y cuando estos descuentos tengan por objeto apoyar la investigación y las labores docentes.

Esto se apoya en que las entidades paraestatales y las universidades, no buscan lucrar con sus obras editoriales, y pese a que en muchas ocasiones las ediciones son gratuitas o se encuentran disponibles vía electrónica, las ventas que se reportan son para formar parte de su patrimonio y apoyar en sus labores.

Compañeras y compañeros senadores, les invito a reflexionar en torno a esta iniciativa para evitar que la cultura sea un privilegio.

Una democracia igualitaria y representativa que se arraigue a la idea republicana, debe acotar las diferencias entre todas las personas para que tengan la posibilidad de ejercer sus derechos de forma plena.

Por su atención, estimadas compañeras y compañeros, muchas gracias.

Es cuanto, señora presidenta.


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